martes, 23 de agosto de 2011

Armemos una banda parte 2.



Decidimos entonces nombrar a la banda (el primer síntoma de que el proyecto iba a fracasar). Era más importante decidir cómo se iba a llamar nuestro primer single antes que siquiera comprobar que éramos capaces de coordinar nuestros atrofiados dedos con el ritmo. Aun así dispusimos toda nuestra capacidad e ingenio en bautizar la banda. Como podrán suponer fue un total fracaso.

Por regla, toda banda formada por puberto debe cumplir con las siguientes características.
- Ser en ingles
- Tener en el nombre una de las siguientes palabras: rosa, negro, oscuridad, lágrima, alma y todo adjetivo incluido en las canciones de Ricky Martin.
- Denotar un el mínimo de homosexualidad requerida para ser “cool”
- De ser posible hacer referencia a alguna otra banda más popular.

Así nació: the rose of the secret black garden, el nombre más afeminado en la historia de la música.

Luego vino el imprevisto. No habíamos considerado, que de los tres integrantes de la banda, ninguno sabía ligeramente tocar otra cosa que la guitarra y a menos que nuestro sueño fuera una banda homenaje a los cantantes de Chipuco, estábamos haciéndolo mal.

Me asignaron el bajo por un simple motivo: era el más feo y menos popular del grupo. Y mientras los demás se jactaban de ser el guapo de la banda, el intelectual de la banda, el loco de la banda… yo era el tipo que solo tocaba el bajo.

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