domingo, 7 de agosto de 2011

¡BASTA DE ESTA TORTURA “MUNDIAL”!


Porque detrás de toda fiesta, hay un feo que se queda sentado, está es mi queja contra el mundial sub 20

El país entero está de fiesta pero yo ya tengo guayabo. En tan solo unos días me he convertido en un extraño en mi propia tierra, he sido desterrado de tiendas, aulas de clase e incluso de mi propia casa por no tener eso que algunos llaman la “fiebre del mundial”. No me gusta, ni nunca me ha gustado el futbol y para mi desgracia soy el único en una familia, en donde hasta mi abuela se sabe los nombres de los jugadores de la sub 20. Antes, la situación era soportable, durante la copa del 2010 tenía la satisfacción de salir fuera de mi casa y respirar un ambiente libre tiros, pases y goles. Sin embargo, y en vista de que somos los anfitriones de semejante evento, me he convertido en un extranjero más entre los oji-rasgados y monos que recorren hoy el centro.
En mi casa no se come hasta que se acabe el partido. Son tan conchudos incluso, que hasta me preguntan cómo va a acabar el partido.
- Cuatro, cero. Perdiendo Colombia – digo intentando reflejar la rabia de mi estomago que aun no se ha acostumbrado a los tiempos extras.
Apátrida me llaman. ¿Apátrida yo? Que no ven que lo hago es servir a un bien mayor en post de la nación. ¿Acaso la victoria no resulta más dulce cuando me la restriegan en mi cara, diciéndome que por culpa de gente como yo es que perdimos el canal de Panamá? ¿Qué sería de la navidad sin el Grinch? ¿Qué sería de la condena de Arias sin los Trinos de Uribe? La respuesta es nada. Al final soy solo un chivo expiatorio, un amargado incomprendido.
Encuentro consuelo en los pequeños placeres que me da esta época, como fingir un acento extranjero para que me cedan una silla en el Transmilenio o en los comerciales de Davivienda con el reportero gringo que resulto siendo un padre irresponsable. Pero no es anda comparada con la tortura que tengo que padecer. El mundial me persigue: en la televisión, en la radio, en el periódico, incluso en las improvisadas conversaciones con mis amigos. Lo peor del caso es que cada día pierdo argumentos, la selección lleva dos victorias que han encendido el fuego del futbol en muchos amargados como yo, que ya están gritando goles en la tienda de la esquina. Mientras, sigo siendo un apátrida, un extranjero, un solitario e incomprendido, por lo menos hasta que acabe está tortura “mundial”

Nota: El nombre de este artículo se lo debo a una divertida campaña del canal Sony, mi única compañera en aquellos largos del día del mundial 2010.

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